Estoy convencido de que el siglo XXI es el del entendimiento. La palabra tiene que ser el vínculo de la humanidad y la única forma de resolver los conflictos tiene que ser el diálogo. Esto es está en las manos de las generaciones que hoy tienen en sus manos el liderazgo de los países y debe ser la herencia que dejen a las jóvenes generaciones. Pero hay que poner recursos a disposición de esta idea. Recursos intelectuales, económicos; hay que poner energía y entusiasmo. 15/06/2010
Sé que no es tarea fácil, lo sé pero no me falta esperanza. Tengo razones para ello. El siglo XX ha sido uno de los más sangrientos de la Historia, pero también nos ha traído algunas enseñanzas que debemos tener muy presentes. En este siglo, la conciencia, el compromiso y el convencimiento de que la palabra es el vínculo de la humanidad es lo que logró que nunca se diera la Tercera Guerra Mundial a pesar de las amenazas continuas.
La palabra tiene que ser el vínculo de la humanidad.
Yo pertenezco a una generación de españoles que no ha hecho ninguna guerra. Un país que lleva siglos enzarzado en contiendas civiles, y en menor medida, en conflictos internacionales. Esto no es el resultado del azar y sobre ellos se asienta mi esperanza. Este es mi convencimiento. Y lo es porque mi generación jugó a los mundos imposibles y —en líneas generales— nos dio resultado. Nos aliamos con la música, escribimos consignas en los muros de cosas que parecían imposibles, hablábamos de utopías, antepusimos el clavel a los fusiles: La respuesta de esta generación con su ideario utópico en todo el mundo logró que lo imposible se materializara en muchos casos.
Y ha pasado el tiempo, muchas de aquellas utopías son ahora realidades. Pero queda mucho por hacer. Hay que seguir soñando y poniendo recursos a disposición de los sueños. Y esta es este es el modesto grano de arena que aporta la Fundación: colaborar con el mecenazgo de la cultura de la paz, el entendimiento y el diálogo.
La paz ya no es un deseo, la sensatez nos lleva a la creencia de que es el único camino. He dedicado 30 años de mi vida profesional al patrocinio y al mecenazgo en toda España.
En esta área he puesto mis esfuerzos profesionales y empresariales. Esta experiencia me ha llevado a una conclusión: hay tareas que necesitan de la aportación desinteresada de quienes pueden hacerlo. Es el momento que yo mismo devuelva a la sociedad parte de lo que esta tan generosamente me ha dado. Durante estos años he sido un especialista en conseguir recursos para proyecto de estimulo cultural o social. Ahora quiero ser yo mismo quien ponga parte de mi patrimonio a disposición de eso que considero ideas justas. Esa fue la razón fundamental de crear esta fundación, una fundación cuya esencia es poner a disposición de la sociedad, de la cultura y el diálogo parte de mi patrimonio, de mi trabajo y de mi entusiasmo. Por ello todas las actividades y proyectos de la Fundación César Egido Serrano son financiados con recursos propios y nos se solicitan subvenciones ni ayudas a ningún tipo de instituciones sean públicas o privadas.
Por eso todas las actividades que la Fundación va poniendo en marcha a través de su herramienta de acción (el Museo de la Palabra) están dirigidas al fomento de esas ideas. Y me gustaría que todo aquel que las haga suyas se sume a nuestra casa. Esa casa será un lugar de encuentro de esas ideas. Ideas que a muchos les parecerán descabelladas. Como hace unos años parecían realidades que hoy a nadie extrañan.